¿Quién soy?

Y así todos los días...

2/22/2026

Me despierta el sonido del viento contra las persianas. Es pronto, sábado. ¿Por qué, para un día que puedo dormir más, me tengo que despertar a esta hora? Mal humor. Bueno, así aprovecho el día, no está tan mal. Miro el portátil. Un mensaje de trabajo. No es lo que yo esperaba. Me enfado. Le doy vueltas. El enfado crece. Una emoción casi incontrolable en este momento. Se empieza a hacer bola; lo noto en el pecho. Se me cruza una sensación de hambre. ¡Desayuno! Voy a mi cafetería preferida. Siempre es agradable ver a los dueños, por eso vengo a este sitio.

De vuelta a casa -la luz de la mañana es preciosa- se me ocurre escribir microrrelatos como este. Me ilusiono. Ni rastro de la emoción que hace menos de una hora me agobiaba. Apunto ideas que me rondan la cabeza desde hace tiempo. ¡Qué bien va a ir! Decido darme una vuelta por el campo. Me doy cuenta de que salgo sin crema solar. Debería ponerme. Pero otra fuerza se interpone y gana la partida. La pereza. Me da pereza desandar 200m. Así que me autoconvenzo de que, como es febrero y de mañana, el sol no pica mucho. Y la incomodidad se va... a la mente se la puede convencer de una cosa y automáticamente de la contraria. El campo, antaño seco, está precioso. Como ha llovido mucho este invierno, está todo verde. Haría una foto... mmm... me molesta la torre eléctrica que sale por el medio. No hay forma de quitarla. Ni a ella ni a los cables. Es fea. Un malestar y un ligero enfado empieza a bullir. Sigo por el camino. En la granja de Pedro hay dos perros nuevos. Dos jovencitos preciosos que me llegan casi a la cintura. Se acercan a la valla esperando mimos. Me agrada acariciarlos. Sin embargo, la perra vieja de siempre no para de ladrar. Me molesta el ruido. ¡Qué incordio!

Sigo caminando, inmersa en mis pensamientos. Y así va pasando el tiempo -y la vida- perdida entre ilusiones, quejas y "deberías"... hasta que el camino queda totalmente embarrado y me hace volver al momento presente. Doy la Vuelta. De repente viene un viento muy frío. ¿De dónde ha salido? Compruebo que ya estaba ahí, sólo que ahora camino en su contra. Ni me había dado cuenta antes. Me cuesta andar. El viento es frío. ¡Mierda! Seguro que me acatarro. Y no cogí bufanda. Me echo la culpa -o a alguno de mis múltiples yoes del pasado- de no haber sido precavida. Esto me quita energía. La queja me quita energía. Y tiempo. Pero... ¡qué bien sienta respirar fuera de la ciudad! Me doy cuenta, aunque no me gusta, de que fluctúo de una polaridad a otra en menos de 5 segundos. ¿Le pasará a todo el mundo?

Me abrazo a mi misma mientras camino encorvada por el viento. Supongo que así tendré menos frío. Al cabo de un rato -no soy consciente de cuánto tiempo- suelto los brazos a los lados del cuerpo. Los siento aliviados, relajados. Noto la sangre fluir por ellos y una tensión que se relaja. Me percato de que estaba apretándome demasiado fuerte, con una fuerza de la que no era consciente y que no era necesaria. Sigo malgastando energía; ese abrazo no necesitaba tanta. Lo hago inconscientemente. ¿Quién es el que lo hace en mí? Me doy cuenta de que soy automática. Es como presionar un botón que hace algo porque lo tiene así establecido. "On": la lavadora se enciende y hace su función. No hay decisión consciente.

Atrapa mi atención un coche haciendo ruido a lo lejos y un segundo después una madriguera de conejo en el terraplén. Me da la impresión de que llevo despierta mucho tiempo. Y son las diez de la mañana.

Una vista instagrameable en cualquier post efímero desplaza mi atención. Me percato de la montaña al fondo. Majestuosa. Nevada. Imponente. La torre del campanario de la iglesia del pueblo sobresale. Es preciosa. Me invade un sentimiento agradable y me dejo llevar por él. Mi sentimiento también me domina. Esbozo una ligera sonrisa. Al acercarme más al pueblo, las casas se van haciendo más grandes. Ya casi tapan la montaña. ¡Que vista tan fea! Ni rastro del sentimiento de hace cinco minutos.

Y así me paso la vida. A veces recuerdo momentos breves con una claridad asombrosa, incluso de hace años, pero no son muchos. Los demás sé que se difuminarán como el río en el mar. ¿Serán aquéllos, instantes de conciencia real? ¿Algún momento de esta mañana permanecerá en mí para el futuro?

En mí... ¿en cuál de los mís que tengo dentro? La misma pregunta surge una y otra vez: ¿quién soy?